Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos de la persona cuando percibe algo. Para la comunidad científica, según expresa Borod (2000), es un estado mental placentero o displacentero asociado a un determinado suceso o acontecimiento cerebral.  Toda una disciplina como es la Psicología de la emoción dedica su estudio en profundidad y son muchas otras ramas las que indagan sobre sus influencias en nuestro día a día.

De hecho, emoción e inteligencia aproximan su relación y es a raíz del concepto de inteligencia emocional que aparece en un artículo publicado en 1990 por Peter Salovey y John Mayer donde la ciencia comienza a dar su protagonismo y su estrecha relación en los procesos de aprendizaje y donde un psicólogo y periodista, Daniel Goleman, acierta con su publicación Inteligencia emocional convirtiendo en verdadero protagonista de muchas disciplinas a la emoción abriendo una nueva visión del estudio de la inteligencia humana más allá de aspectos cognitivos e intelectuales.

En lo que a nosotros nos concierne, el papel de la emoción en el aprendizaje juega un papel destacado. En nuestro cerebro: el sistema límbico, con el hipocampo y la amígdala son los protagonistas. Intervienen además una serie de núcleos específicos del tronco cerebral y del hipotálamo como son: el locus cerúleo noradrenérgico, el núcleo colinérgico, los núcleos dopaminérgicos, el núcleo del rafe serotoninérgico, y los núcleos histaminérgicos, que se proyectan de forma difusa prácticamente sobre todo el cerebro (Anaya, D. 2009).

Las neuronas de estos núcleos se activan cada vez que ocurre algo importante y, provocan la liberación de unas sustancias químicas denominadas neuromoduladores como la dopamina, serotonina o la noradrenalina, que influyen en la actividad neuronal y en la plasticidad sináptica (aprendizaje) de las áreas cerebrales afectadas.

La finalidad del ser humano de preservar la vida se sustenta a través de las emociones, siendo su actividad cerebral emocionalmente coloreada interactuando con su entorno. Según se activen con mayor o menor intensidad, serán más o menos eficaces los aprendizajes de los sucesos que quedarán aprendidos al objeto de repetir aquella vivencia agradable ligada a los sucesos positivos o de evitarla si ha sido un suceso negativo extremo.

Son precisamente esos sucesos negativos los que activan inmediatamente a la amígdala consiguiendo que, en cuestión de milésimas de segundo, aumente en el cerebro la cantidad de adrenalina y de noradrenalina, liberando a continuación glucocorticoides por parte de la glándula suprarrenal.

La acción de estas hormonas provoca cambios fisiológicos que preparan al organismo para responder, conocidos como respuesta de estrés. Entre ellos los más significativos son el aumento del rendimiento cognitivo y la elevación del tono cardiovascular además de la inhibición de funciones no necesarias en ese proceso como son la digestión, el crecimiento, la reproducción o el sistema inmunitario.

  • El aumento del rendimiento cognitivo ligado al estrés

Está ligado a la elevación del nivel general de alerta incrementando la atención y la percepción en la información de interés (Anderson, 2004; Borod, 2000) facilitando y consolidando el aprendizaje. Por ello, el ser humano aprende mejor cuando dicho suceso le interesa o tiene un significado propio.

  • La respuesta de estrés

Es un mecanismo efectivo para hacer frente a los peligros y amenazas facilitando también los procesos de aprendizaje para una adaptación óptima a los cambios ambientales. Pero todo en su justa medida ya que un nivel de estrés muy intenso y, sobre todo, de estrés crónico, tiene consecuencias nefastas hacia el aprendizaje porque deterioran la neurona del hipocampo debido al alto flujo de glucocorticoides que con el tiempo provocan su agotamiento y muerte celular (Sapolsky, 1995 y McEwen), atrofiando el hipocampo y por tanto dificultando la formación y la consolidación de los aprendizajes y, por ende, la memoria.

  • El miedo

Es mal aliado del aprendizaje, además provoca bloqueo mental ya que dificulta la activación de patrones neuronales divergentes y más abiertos, equivalentes a ensayos de soluciones novedosas y eficaces al problema presente, en favor de la concentración en la activación de patrones cerrados equivalentes a rutinas simples ya aprendidas (Fiedler et al., 2001; Forgas, 1999). Así vemos que el miedo es también enemigo de la creatividad, la productividad y el pensamiento libre.

Los datos deben ser estudiados y comprendidos por la comunidad docente ya que sus consecuencias son evidentes para la práctica educativa donde deben darse actos que provoquen una atmósfera positiva libre de estresores dado que los sucesos positivos activarán los núcleos dopaminérgicos, cuyas neuronas liberan dopamina. (su insuficiencia es responsable entre otras enfermedades, de la enfermedad de Parkinson).

Las dos vías de producción de dopamina del área A-10 (córtex frontal que provoca mayor claridad de pensamiento y el núcleo accumbens de los ganglios basales) constituyen la principal fuente del sistema de recompensa o gratificación del cerebro y son fundamentales en el aprendizaje, dado que la presencia de estos neuromoduladores (dopamina y opiáceos endógenos) hace que la sinapsis se active y fortalezca. La aprobación, el reconocimiento, una mirada comprensiva o una palabra agradable son patrones capaces de activar emociones placenteras que en definitiva tienen la suficiente fortaleza para abrir la puerta al aprendizaje.

Ya Platón relataba que el aprendizaje tenía una base emocional y pese a que en épocas pasadas la emoción era considerada una respuesta no inteligente, hoy en día la ciencia constata todo lo contrario y además la definen como necesaria y esencial en el sistema de aprendizaje de los seres vivos.

Conocer, gestionar, autorregular las emociones forman parte del concepto elaborado por la comunidad científica como inteligencia emocional cuyas bases asientan los psicólogos ya mencionados, Salovey y Mayer en 1990 en las cinco dimensiones básicas:

  • El conocimiento de las propias emociones
  • La capacidad de controlar las emociones
  • La capacidad para motivarse a uno mismo
  • La empatía o capacidad para reconocer las emociones de los demás y sintonizar con ellas.
  • La habilidad para interrelacionarse con los demás.

Esta autorregulación emocional influye en el aprendizaje efectivo (Dennis; Cole; Martin, 2004), por ejemplo, en el autocontrol de los impulsos que a largo plazo contribuyen a un mayor éxito en el afrontamiento de la frustración y del estrés y con una mayor capacidad de concentración y perseverancia en la tarea (Carlton y Winsler, 1999).

Deja un comentario