Tal y como define la Unión Europea (2004), aprender a aprender es la capacidad para proseguir y persistir en el aprendizaje, organizar el propio aprendizaje, lo que conlleva realizar un control eficaz del tiempo y la información, individual y grupalmente. Esta competencia incluye la conciencia de la necesidades y procesos del propio aprendizaje, la identificación de las oportunidades disponibles, la habilidad para superar los obstáculos con el fin de aprender con éxito, incluye obtener, procesar y asimilar nuevos conocimientos y habilidades, así como la búsqueda y utilización de una guía.

Esto significa que los estudiantes se comprometan a construir conocimiento a partir de sus aprendizajes y experiencias vitales anteriores con el fin de utilizar y aplicar el conocimiento y las habilidades en una variedad de contextos: en casa, en el trabajo, en la educación y la instrucción. En la competencia de la persona son cruciales la motivación y la confianza.

Esta competencia forma parte del proceso de la metacognición de manera relevante para el aprendizaje y todos sus participantes: estudiantes y docentes.

El término metacognición fue acuñado por John Flavell en los años 70 como la regulación y organización de los procesos psicológicos respecto a los objetivos cognitivos sobre los que versan y al servicio de algún objetivo concreto. Es el propio cocnocimiento de algo y el control de los procesos cognitivos (Brown, 1978).

En un lenguaje más cercano, se podría definir como el conocimiento que tiene una persona y el control que ejerce dicha persona sobre una actividad cognitiva concreta. Es decir, nos indica cómo pensamos, percibimos, recordamos, hablamos o atendemos.

Su presencia o ausencia revela lo que podemos o no recordar, lo que comprendemos o no, de lo que podríamos recordar con alguna ayuda o de los factores de los que depende que nos concentremos en una tarea en mayor o menor medida. 

En el conocimiento metacognitivo intervienen: la persona, la tarea y las estrategias.

En la autorregulación metacognitiva intervienen: la regulación y el control.

La primera dimensión mencionada el conocimiento metacognitivo, incluiría el conocimiento, que relfexiona sobre las personas, las tareas y las estrategias (Flavell y Wellman, 1977). La categoría de personas se relaciona con cualquier conocimiento y creencia que se puedan adquirir acerca de los seres humanos como procesadores cognitivos. Se trataría tanto de conocimientos sobre nuestras propias capacidades y limitaciones -autoconcepto cognitivo-, como sobre las diferencias cognitivas entre personas o las semejanzas entre todos los humanos en la forma de procesar la información.

Como ejemplos de estos tres aspectos, podemos ofrecer los siguientes:

  1. La conciencia de que, conforme pasan los años, nuestra memoria requiere un mayor número de apoyos externos, como por ejemplo, el uso de las agendas.
  2. Nuestro conocimiento de la diferencias individuales respecto a la capacidad de ponerse en el punto de vista del otro.
  3. Nuestro conocimiento de que cualquier persona puede tener problemas de ocmprensión o de olvido.

En lo relativo a la categoría tareas, la reflexión metacognitiva versaría sobre la naturaleza de la información o el tipo de problema al que nos enfrentamos, los objetivos de la tarea, el grado de dificultad y la novedad que nos plantea.

Así un nivel de metaconocimiento muy simple consistiría en saber que, cuanta mayor sea la cantidad de información a la que tengamos que atender, más difícil nos resultará prestar atención.

Por último, el metaconocimiento sobre estrategias se relaciona con el conocimiento sobre los procedimientos más eficaces para alcanzar nuestros objetivos en una situación dada. De este modo, sabemos que si alguien nos proporciona un número de teléfono que debemos marcar a continuación, repetirlo verbalmente es una buena estrategia para no olvidarlo; pero si vamos a llamar por teléfono al cabo de una hora, lo mejor será anotarlo.

Respecto al segundo aspecto citado, la regulación y control metacognitivo de la acción, la investigadora A. Brown ya nos proporcionó hace unas décadas (Brown, 1978) una lista de las funciones que cumple este proceso:

  1. Predecir las limitaciones en la capacidad del sistema o de la persona.
  2. Ser consciente del propio repertorio de rutinas heurísticas y su campo adecuado de utilidad.
  3. Identificar y caracterizar el problema de que se trate.
  4. Planificar y organizar temporalmente las estrategias apropiadas de solución de problemas.
  5. Ir controlando y supervisando la eficacia de las rutinas empleadas.
  6. Evaluar esas operaciones frente a un posible éxito o fracaso con el fin de dar por terminadas las actividades cuando sea necesario.

En general, el aspecto de la regulación haría alusión, principalmente, a la función que tiene por objetivo seleccionar las tareas que debemos llevar a cabo y ordenarlas en el tiempo. Así, la regulación incluiría fijar los objetivos, definir las prioridades entre las tareas, distribuir los recursos para llevarlas a cabo y decidir si se abandona o no la tarea. Por su parte, el control se encargaría de poner los medios para realizar la tarea y vigilar su buen funcionamiento, es decir, se ocuparía de actividades orientadas a planificar, monitorizar y evaluar los resultados.

Ejemplos de estas actividades metacognitivas autorreguladoras podrían ser, ante la realización de un escrito, preguntarse por las ideas principales que se quieren transmitir, el orden en que deben expresarse, el grado de especialización que han de contener y la revisión del texto con el fin de eliminar incoherencias. Con todo, en muchas ocasiones el concepto de autorregulación engloba al de control, entendiendo que la autorregulación significa el control que ejerce la persona sobre su propia conducta.

Por último, Flavell aludió también a otro elemento metacognitivo: las experiencias metacognitivas. Se pueden definir como experiencias de índole cognitiva o afectiva, realmente poco definidas, que constituirían las sensaciones subjetivas que surgen al llevar a cabo los procesos metacognitivos. Las sensaciones de duda, de incomprensión o de descubrimiento en el transcurso de una tarea pertenecerían a esta categoría

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